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Canada, Viajes

Lo mejor es no tener un plan: Viaje a Bella Coola

Mi viaje a Canadá en Junio de 2013 está lleno de historias que aún no he explicado. Hoy vengo con una de ellas que tenía muchas ganas de recuperar.

Bella Coola es un valle al norte de British Columbia, en Canadá. Sus montañas desembocan al océano Pacífico.

Yo había oído del valle que estaba lleno de indios, de casas pintadas de colores vibrantes, de bosques con árboles centenarios y de jeroglíficos dentro de las cuevas.

La cosa es que tan solo lo había oído y tenía que comprobarlo por mi misma.  Pero tenía un inconveniente: absolutamente nadie quería llevarme. Joanne, mi host, me decía «es un valle casi en el final del mundo

Esta historia habla de como me las ingenié para llegar, para encontrar un guía y para ver cosas de esas que te cuentan pero que no crees que existen.  Todo sin tener absolutamente ningún plan.

He tenido que dividir la aventura en dos partes. Pasaron tantas cosas en 4 días que me ha sido imposible resumirlo todo en único post.

Nota: Puede parecer muy surrealista. Pero todo lo que digo a continuación es real, ha ocurrido. 

Algo inesperado

En aquel entonces ya había estado en Canadá dos meses junto a Joanne y su família. Era principios de Agosto. Anthony, uno de los ayudantes, se había marchado a su siguiente destino y Pierre, un chico de Perpignan, había llegado en su sustitución. 

Pierre (pronunciado Piér) es un chico simpático. Pero ya está. No tengo más palabras buenas para dedicarle. Ahora bien, si queréis que os cuente más, es un tipo aburrido, soso, sin sentido del humor y que no sonríe ni para darte las gracias.

Además tiene todas las alergias del mundo, al polen, al polvo, a los perros.

Yo me preguntaba «¿Cuando se le ha ocurrido venir a una granja con todo lo que le pasa?»

Aún así el chico merece un aplauso. Cuando trajimos el Heno para los caballos se esforzó por cargar más de 100 piezas él solo.(25kg cada pieza) Una a una. Se tuvo que tapar más que un astronauta, pero lo hizo. Y cuando nos tocó limpiar la pradera, se sentaba cada 10 minutos para respirar. Pero se levantaba otra vez y seguía.

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Uno de esos días que estábamos en la pradera con el tractor, empecé a hacerle bromas sobre Francia, a ver si me veía graciosilla y por lo menos se reía un poco.

Evidentemente, no lo conseguí, así que empecé a parlotear de mis cosas como si él me estuviera escuchando. Hablaba de mi imposible sueño de visitar Bella Coola, de ver a los indios y ver ese Canadá tan virgen.

Pierre contestó «No es imposible»

«¿Hola? ¿Es a mi? ¿me estás hablando a mi?»

Pierre continuó «Puedes hacer autoestop»

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Hice una larga pausa y contesté que me daba miedo ir sola tan lejos, que un viaje corto estaba de acuerdo, pero este eran más de 8 horas.

«Yo te acompaño si quieres» Me dijo él

Mi cara parecía un póquer, y mis orejas no creían lo que este hombre tan aburrido me estaba proponiendo.

Paré el tractor y dije «gracias» más de 15 veces.

Sin plan para llegar a Bella Coola

Joanne nos dejó en The Chilcotin Plateau, donde empiezan quilómetros y quilómetros de campos de trigo, de rocas y algunas casas cada par de horas. Es ahí donde empieza el camino a Bella Coola.

Nos deseó suerte y se marchó. Creo que en realidad se alegraba de pasar un fin de semana totalmente sola. Nosotros también.

Cartel en mano, gafas de sol y dedos arriba. Ese era nuestro único plan.

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Primer coche:

No me dio ni tiempo de ponerme dramática sobre la situación. A los veinte minutos de espera ya había parado alguien. Se llamaba Jerold y se casaba en un par de días. Estaba muy enamorado y le había prometido a su mujer cerdo para la cena de la boda.

«Os puedo dejar a dos horas de aquí, me dirijo a una granja de alemanes a matar el animal.»

Sí, llevaba el cerdo de la cena VIVO en el maletero, en una jaula para perros.

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Charlamos de muchas cosas, de mi infancia, de su mujer con sobrepeso y del Jack Russel de Pierre. Jerold tuvo el detalle de parar en uno de los bares más peculiares de la zona. Me fui al mostrador a coger unos chicles trident de fresa  y me sentí muy intimidada: Tenía encima a un jaguar disecado mirándome.

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Finalmente llegamos a la granja alemana. Allí paramos. Nos comimos unos bocadillos de pavo (no hay que perder la línea) y otra vez, dedos arriba.

Segundo coche:

No tuvimos tanta suerte esta segunda vez.  Esperamos tres horas seguidas hasta que apareció nuestro salvador.

Un jeep verde oliva de los años “quién sabe”, con las ventanas medio rotas y las puertas llenas de pegatinas de Valvoline, Pink Floyd, Queen, Walmart. Muy al azar.

Saltamos encima del coche como leones hambrientos.

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Esta vez merece la pena describir a nuestro piloto: Un hombre con barba gris, con poco pelo pero largo, con una camiseta de publicidad y los tejanos llenos de agujeros y palabras echas con bolígrafo

Pusimos nuestra mejor sonrisa y nos ofreció dos horas más de viaje.

Se llamaba Buda. Yo, ni corta ni perezosa, «¿Como que te llamas Buda? Venga ya»

Y me enseñó su dni y era real. Se había cambiado el nombre a Buda y ahora tenía, con su mujer, una granja con pollos y vacas.

Tercer coche:

Buda nos dejó en una gasolinera situada en un monte, con pinta de llevar ahí más de 100 años. Seguro que aquí encontramos a alguien muy rápido. Me dije a mi misma.

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Nos repartimos el trabajo, Pierre preguntaría a los coches que entran y yo aguantaría el cartel en la carretera.

Treinta minutos más tarde, Pierre se me acercó con una mueca en la cara, queriendo decir que no había tenido suerte. Yo le conté un chiste de Jaimito, aunque en Francia no saben quien es Jaimito.

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Finalmente un coche paró… ¿En dirección contraria?

«Hola chicos. Os vi aquí hace diez minutos. Pero decidí pasar de largo hasta que la conciencia empezó a hacerme sentir culpable por no recogeros. Así que aquí me tenéis, he vuelto.» —El anciano hizo una pausa— «Solo os pediría que me ayudarais a mover los trastos de atrás. Vengo de Vancouver y he estado 3 días de viaje»

Virgen santa, pero qué buena gente es este hombre. ¡Todo lo que usted necesite!

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Se llamaba Jerry y era un escultor de barro y arcilla. Iba a Vancouver cada dos meses a buscar material para esculpir salmones, platos y tazas.

Y lo mejor de todo: Vive en Bella Coola. Habíamos conseguido un ticket directo al valle. Y suerte que dimos con él, porque nos esperaban 5 horas de carreteras, cuestas y curvas así:

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Paramos en algunos sitios y hablamos mucho de la vida artista de Jerry, de que había probado la pintura pero nunca se le dio bien el color y la escultura era algo que le transportaba a su infancia. Solía jugar con el barro después de la lluvia y hacía con él gatitos porque a su madre le encantaban.

Tambien nos habló de la carretera: «Esta es la única carretera que comunica con el valle, y muchos inviernos nos hemos quedado aislados durante 3 meses a causa de la nieve»

También había un río lleno de Salmones, nutrias y castores.

«Una vez, el puente que cruza el río lo destruyó un incendio y estuvimos 6 meses aislados»

Vimos un cartel de color azul y rojo, con lo que parecían animales pintados y tallados en él. Jerry también nos habló de que en el valle viven principalmente nativos, se les llama The First Nations, en honor a las Primeras Naciones que vivieron en Canadá mucho antes de que los invasores llegasen.

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Finalmente el valle apareció delante nuestro y lo cruzamos mientras contemplamos las montañas. En las cimas rocas y nieve, en las faldas bosques y riachuelos. Habíamos tardado casi 10 horas en llegar a nuestro destino. NADA MAL.

Nos acercó al camping como nos había prometido. Pero lo mejor vino después: «¿Dos mochileros sin coche y sin idea de donde están? Será mejor que os enseñe yo mismo el valle» Nos dio su numero de teléfono en lo que imagino que sería una tarjeta de contacto (lo digo porque estaba muy arrugada y sucia)

«En el supermercado hay un teléfono público gratuito, es de color rojo y tiene botones grandes. Es fácil de ver. Usarlo y llamarme por la mañana»

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La dueña del cámping nos acomodó en una parcela (Si a eso se le puede llamar parcela, no había nada que limitara los espacios). Nos dijo: «Si os queréis duchar, será mejor que corráis. Vienen hacia aquí cincuenta leñadores después de trece duras horas de trabajo y les va a dar igual si la ducha es de hombres o de mujeres»

Yo le pregunté que porqué trabajaban tantas horas seguidas. — «Todos los veranos las empresas de madera contratan a chicos jóvenes para trabajar muy intensamente durante dos meses seguidos. Sin parar.»

Espera un momento — «¿Estás diciendo que vienen 50 leñadores jóvenes y musculosos hacia aquí? Ui sí, ya verás la prisa que me voy a dar» — Esto solo lo pensé, no se lo dije.

Y después de mi ducha, me acomodé bien acomodada y me los miré bien mirados desde la tienda de campaña. Los modelos del calendario de bomberos existen. No los vemos porque se pasan el día cortando madera arriba en las montañas canadienses.

Pierre mientras tanto leía un libro a mi lado. Y yo, después de tal espectáculo, dormí como un tronco. Nunca mejor dicho.

Mis pensamientos

Aquél día había dado un giro de 360º a mi forma de ver las cosas. Soy una persona que planea las cosas al milímetro cuando viaja y me gusta llevar un plan, dos libretas con apuntes y tres mapas. Cuando Pierre se ofreció en acompañarme, me alegré mucho pero en el fondo pensé que sería un desastre de viaje al no tener control en el transporte.

No solo habíamos llegados sanos y salvos a Bella Coola, sino que habíamos compartido coche con tres pilotos super enrollados. Jerold nos había llevado a un local lleno de animales disecados, Buda había parado en dos de las mejores vistas de The Cilcotin Plateau y Jerry sería nuestro guía lo que quedaba de viaje.

Tenía más que un plan, tenía una aventura.

Por la mañana me desperté y casi me quedé sin habla. — «Pero si esto es Dorfli! Donde vive el abuelo de Heidi!»

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La noche anterior no pude apreciarlo. Pero con la luz del día me di cuenta de que las montañas crecían en frente mío. Estábamos muy cerca de las nubes.

«Abuelito Abuelito!» — Quise gritar.

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Fuimos al supermercado y compramos salami y pan bimbo para comer. Yo quería pavo pero era muy caro.

En Bella Coola todos parecían pertenecer a alguna tribu india. Jerry ya nos había hablado de las Primeras Naciones, pero no imaginaba que habrían tantos. Vestían como nosotros pero hablaban otro idioma, tenían el pelo muy espeso, muy negro y los muy ojos oscuros.

Llamamos a Jerry por teléfono y nos prometió que nos recogería después de comer, nos quería llevar a un par de sitios muy especiales.

Mientras tanto, Pierre y yo decidimos hacer buen uso del panfleto que Jerry nos había dado el día anterior y nos fuimos en busca de cascadas que visitar y montañas que subir.

Caminamos y exploramos la zona. Nuestra ruta empezaba detrás de un bed&breakfast pintado de rosa y de una iglesia católica. Me encanta cuando me encuentro con carteles hechos a mano por los dueños de un hotel o un restaurante:

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800 metros hacia arriba después (y después de que Pierre me ignorara la excursión entera porque quería ir rápido) encontramos nuestra cascada.

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La cascada cortaba el bosque por la mitad, y tenía vistas al valle y nos hicimos un montón de fotografías. Intenté hacer ver que estaba plácidamente dormida encima de una roca y me hice un selfie en plan «Mira la buena vida que tengo». La foto salió terriblemente mal, así que le pedí a Pierre que me tomara algunas fotos a cambio de yo tomárselas a él.

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Nos echamos una siesta allí arriba y Pierre y yo nos olvidamos del tiempo. Yo me olvidé de que era un antipático —«Por lo menos me está acompañando a todos lados»— Me dije.

Jerry nos estaba esperando en el camping, venía acompañado de su perro.

Pierre y yo saltamos al coche. Me sentía como cuando vas a ver un estreno al cine, esa película que llevas meses esperando.

Jerry empezó a hablar del valle, de sus habitantes indios, de los osos que visitan su jardín por las tardes, de que era la época del salmón y de que en invierno no ven el sol durante 3 meses.

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Este abuelito sabía contar historias. A mi y a Pierre solo nos faltaban las palomitas.

Paramos en el río para ver los salmones saltar, pasamos por su casa e hicimos un café con su mujer, una anciana que fumaba y que te hacía reír con bromas sobre chinos. Había estado en Barcelona de joven y le gustó tanto que fue de lo único de lo que hablamos.

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Y cuando Jerry se había cansado de oirnos hablar de Barcelona nos metió prisa por ir a ver el bosque de árboles centenarios. Y había un árbol germinado en 1135. Viejo, ancho y se alzaba por encima del bosque.

Cuando ves cosas que no ves con un plan.

Nuestra siguiente parada fue la escuela india. Jerry nos explicó que las Primeras Naciones tienen sus propias escuelas donde estudian en su idioma, hablan de sus animales sagrados: los cuervos, las ballenas, los lobos… y de sus antepasados, los jefes de las naciones.

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Había oído hablar de los colores vibrantes y de los animales tallados en la estructura de los edificios indios. Aunque, al lado de la realidad, mi mente se los había imaginado mucho menos espectaculares.

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«¿Queréis que os lleve donde ellos viven?»

Imaginaos la respuesta a esta pregunta.

Nos llevó al corazón del valle, donde se reunían un puñado de casas de madera vieja con símbolos indios en las fachadas. Y no solo eso, entramos en la casa de su mejor amigo: El autor de la gran mayoría de tótems y símbologías del valle.

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El artista era indio, su casa oscura y desordenada, con mucha ropa sin doblar y latas de Coca-Cola aquí y allí, pero decorada entera de plumas, piedras y miniaturas de madera. Mostró mucho interés por mí, por ser de España, ¿Sabíais que en 1992 en la expo de Sevilla se expuso una obra en honor a las Primeras Naciones canadienses? Yo no tenía ni idea, pero él me abrió una enciclopedia de arte nativo por si no me lo creía.

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Nos enseñó su taller, las fotografías de sus obras vendidas, sus herramientas. Y nos contó la historia de un cetro en el que estaba trabajando:

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«Aquí arriba podéis ver el águila, uno de los animales sagrados. Símbolo de lo intelectual y del poder. Ella baja de los cielos y se transforma en humano» —Hizo una pausa larga para mirarnos a los ojos muy intensamente.

«Así eran los jefes de las tribus, animales que se transformaban en humanos, criaturas que van y vienen de los cielos y de los bosques» — Hizo otra pausa, se estaba poniendo muy emotivo.

«La misión de la tribu era aprender de ellos, para ser una tribu más sabia, una tribu más poderosa, una tribu que crece cada día.»

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Os juro que entre las pausas y sus ojos clavados en los míos el tipo me grabó en la memoria el momento. 

Yo quería añadir más cosas a la película que estaba viviendo gracias a Jerry, así que le pregunté al artista si podía contarme más cosas de las Primeras Naciones.

«Puedo contarte lo que nos pasó para llegar a donde hemos llegado»

«Imagínate que vienen un puñado de desconocidos. Y cogen al rey de España con todos los españoles y los echan a todos de sus casas. Imagínate que ellos mismos cogen a la reina de Inglaterra con todos los ingleses y los echan a todos de sus casas. Y os meten a todos juntos en Francia junto con los franceses.

¿Os pondríais deacuerdo para compartir? ¿Qué crees que pasaría?

Eso hicieron con todas las tribus canadienses. Nos sacaron de nuestras casas de colores, nos juntaron con tribus que no creían en nuestros animales sagrados, nos peleamos entre nosotros, perdimos nuestras costumbres como la danza al bien y al mal, y nos enfermaron con el alcohol o con un simple resfriado de los suyos»

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Así lo dijo tal cual. Hablaba como si estuviera delante de dos mil personas subido en un teatro y Pierre y yo eramos el público y no podíamos dejar de mirarlo.

Nos despedimos del artista. De vuelta a casa, Jerry me comentó que hoy en día en Canadá las Primeras Naciones son muy respetadas, pero no siempre fue así.

Le pedí a nuestro guía que nos llevase al mar. Inocente de mi pensando que encontraría una playa paradisíaca a los pies de la montaña. Iba hasta preocupada porque no tenía bikini.

Pero no. La playa de Bella Coola no era playa, era el mar entrando al valle junto con todas las cosas que se había encontrando por el camino: Árboles, palos, plantas, barcas hundidas, y algunas focas (chapoteaban alrededor).

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Hice fotografías. Alomejor no era paradisíaco, pero era una escena espectacular.

Luego Jerry nos llevó a unas cascadas que él consideraba secretas. Se le veía muy orgulloso de ser de los pocos que sabían de su existencia. 

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Y para acabar el día nos llevo a su galería de arte donde expone a artistas de todo el valle y donde compré una taza de arcilla que él mismo había diseñado. Pensé que sería un buen recuerdo, que cada vez que la usase me acordaría de Bella Coola y de Jerry.

Aunque tengo que decir que todavía no la he usado. La taza es tan bonita que me da miedo que explote en el microondas o que se me rompa lavando platos.

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Le pedí a Jerry que me enseñara su estudio. Soy una friki de todo lo creativo. Ver los espacios de trabajo de los artistas es como hacerle una visita a la habitación de un niño de 8 años: todo está lleno de cachivaches sin sentido alguno para nadie más que para ellos: Un trozo de pelo, una concha, un palo roto, un dibujo desproporcionado. Cosas y cosas.

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Aprovechando que miraba cachivaches, Pierre se acerco a Jerry y le agradeció todo lo que había hecho por nosotros aquel día. Tenía toda la razón, vinimos aquí sin plan, sin apenas dinero, sin coche. Habíamos hecho un viaje anti-Patricia y habíamos disfrutado el doble de lo normal. 

Hasta la próxima

«Muchas gracias por todo Jerry, hoy lo has dado todo de ti» – Añadí al discurso de Pierre.

«El placer es mío.En mi segunda vida seré un guía y llevaré a la gente en un autobús por todo Canadá» – Me contestó él

Y nos dejó en el camping. Y comimos otro bocadillo de salami y nos fuimos a descansar.

La primera parte del viaje acaba aquí. En la segunda parte, os adelanto que los indios, siguen formando parte de nuestra visita a Bella Coola y encontramos un nuevo amigo que casi nos lleva a pescar con cuatro monjas.

Y me quedo con mi imágen preferida de toda la visita! Al lado de un árbol muy mayor 😉

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1 Comment

  • Reply Margarita junio 3, 2017 at 1:20 pm

    Hola
    Patty gracias por compartir tu experiencia sin duda esa cascada secreta se llevo mi atención , que curioso el año pasado organice mi propio viaje pero no me fue como lo había planeado, ahora gracias a tu articulo tengo una gran programación me guardo el blog, Saludos

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