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Consejos de Patri

Miedos viajeros: Viajar solo

Hay personas como yo, que, cuando nos encontramos solas ante la adversidad nos pasa esto: nos comen los pensamientos extraños, los miedos fantasmas y los prejuicios.

Este post está dedicado a todas estas personas. Personas que después de hacer mi viaje me preguntaron ¿Pero como te fuiste sola por el mundo? ¡Qué loca estás Patricia!

Yo sé que cuando uno piensa en viajar solo, todo lo que se le viene a la cabeza es negativo: repasas todos los secuestros, asesinatos y desapariciones que has visto en las noticias en los últimos cinco años.

Seguramente has visto muchas más notícias buenas que malas, como tu amiga Lorena que conoció el amor de su vida, o tu amigo Paco que abrió un negocio de tapas en una isla, también Luís que ha conseguido hablar más de cinco idiomas.

Pero no, de repente te vuelves ciego de un lado del cerebro y todo es malo y todo es muerte y el mundo se acaba cuando quieres viajar sola.

Esto es totalmente normal y creo que es hasta bueno. Dice de ti que no eres estúpido, que eres consciente de lo que conlleva viajar solo.

Pero vamos a desmentir mentiras! Estos son algunos de los miedos que tenemos y que vamos a ayuentar:

Me va a pasar algo

Sí, te va a pasar que vas a tener la mejor experiencia de tu vida!

cascada

Yo en una cascada viviendo la vida (y arriesgándola)

Me perderé.

Si nuestro viaje es largo, seguramente en algún punto de nuestro trayecto nos vayamos a perder.

No voy a mentirte porque yo me pierdo hasta en mi pueblo, que he vivido en él desde que no tener cinturón en el coche era algo normal. ¡Que tiempos!

No hay que tener miedo a perderse. Mira, te voy a desvelar lo peor que nos puede pasar si nos perdemos: Que vayamos a dormir en un hotel y en una ciudad que no teníamos previsto dormir.

¡Ya está! ¿Pues vaya dramón no? Ya nos podemos ir a casa ¡miedos al viento!

Que no ¡que es broma!

Pero yo soy de las que piensa que perderse es bueno. 

Una vez me quedé tirada en un pueblo allí en las tierras canadienses.

 Un pueblo pequeño, de esos de 700 habitantes.  Tenía que pedir ayuda porque empezaba a ser oscuro. Cuando cosas así pasan, yo siempre me dirijo a los abuelos.

Los abuelos son como google, saben donde está todo: la cafetería, el supermercado, el hotel, la zapatería, la otra zapatería más barata, la oficina de turismo, correos.

También se saben los horarios y días festivos de todos esos sitios. Y hasta te darán su reseña de cada lugar.

A parte, los abuelos te verán como a un nieto/a desamparado/a.

La cosa es que el abuelo terminó llevándome en coche él mismo. Un coche viejo con con olor a perro ¡pero un coche al fin y al cabo! Me invitó a cenar con su mujer porque era tarde para cenar en cualquier otro lado. Me llevó a mi hostal y me invitó a conocer el pueblo al día siguiente. Él y su mujer me llevaron al mercado, a un cumpleaños y a unas cascadas secretas que decían conocer tan solo ellos.

Y me repito entonces, yo soy de las que piensa que perderse es bueno. 

Ahora entendéis el olor a perro

Me pondré enfermo

Este es un miedo muy común. El problema de este miedo es la forma en como lo miramos. Pensamos que nos va a coger la peor enfermedad de las enfermedades. Pensamos que no vamos a superarla. Hasta visualizamos nuestra muerte, en soledad y sin ayuda. ¡Qué dramáticos que somos cuando queremos!

Sí es verdad que puede cogernos una enfermedad complicada. Pero eso nos puede pasar en nuestro país también.

Generalmente, no es verdad que cogeremos la peor enfermedad, ni que no la superaremos. Tampoco es verdad que estaremos sin ayuda.

En Canadá cogí una infección de orina terrible y a mi eso no me había pasado en la vida. Pedí ayuda a los que tenía alrededor en la casa donde me hospedaba. Y en diez minutos ya estaba en el médico. 50€, antibióticos y unas horas después ya me encontraba mucho mejor.

En Tailandia cogí una infección de oreja más difícil. Pues bueno, también fui al médico. Me sacaron 60€ y me dieron unos antibióticos equivocados y tan fuertes que vomité toda la comida de la semana.

Así dicho suena muy mal. Pero si cambiamos la perspectiva de las cosas, esas infecciones resultaron ser un par de días malos de un viaje precioso con muchas otras experiencias buenas. 

Ahí aprendí que los días malos tienen poca importancia, que no son para tanto, están fuera de tu control y que si estás malo pide ayuda a los de tu alrededor. Y sobretodo entendí que hay que entender que lo mismo puede pasarte en tu país.

No sabré el idioma

Este es el miedo más popular de entre los miedos viajeros. Los resultados de no saber el idioma pueden sorprenderte para bien.

Cuando visité Phuket, en Tailandia, conocía a unas chinas de piel muy blanca y ojos muy negros. Ellas no tenían ni idea de inglés y yo ni idea de chino.

Pues bien, estuvimos una hora pasandonos el móvil, manteniendo una conversación a través del google traductor y comunicándonos con imágenes del google imágenes.

Descubrimos que teníamos gustos y sueños muy parecidos, desde la cocina vietnamita hasta visitar Africa algún día de nuestras vidas.

Fue una de las experiencias lingüísticas más extrañas y más animadas que he tenido.

Cuando visité Canadá por primera vez, mi inglés era aún de parvulario.

Estaba yo dando mis primeros pinitos como granjera cuando se me cayó la carreta llena de estiércol y ensucié el establo entero. Aquel suceso era muy complicado de expresar educadamente, así que puse en práctica todo mi vocabulario de cuando tenía dos años: Ruidos, sonidos y gestos repetidos. Estoy segura de que hice el rídiculo pero todos me entendieron.

No saber el idioma no debe darte miedo. Debes darte tiempo para aprenderlo y para disfrutar los momentos de risas de cuando no lo entiendes.

Si que es verdad que el idioma va de fábula cuando queremos preguntar por direcciones de lugares y eventos. En ese caso, si nos da miedo perdernos por no entender, Volvamos al punto 1 “Me voy a perder” y ya está.

Mis amigas las chinas! Sissiy Mimi, creo que se inventaron los nombres.

Mis amigas las chinas! Sissiy Mimi, creo que se inventaron los nombres.

Me quedaré solo

Este es un miedo que sentimos amenudo los que estamos con gente todo el día. En casa con la familia, en el trabajo de risas con los compañeros, en quedadas con nuestros amigos.

Si viajamos solos, en muchos momentos estaremos solos, nosotros y nuestra conciencia. Ten cuidado que es una pesada, la conciencia, y le gusta mucho repetirte una y otra vez lo mismo.

Pero no son tantos los momentos de soledad como los que nos pensamos.

Os prometo que cuando viajemos solos, nos saldrán amigos debajo de las piedras, dentro del armario y hasta en la maleta.

Os cuento un relato: Dos horas después de mi llegada a Vancouver, hice mi primera amiga dentro de un dormitorio de ocho camas en un hostal muy simpático. Lizz, una chica americana que sabía tocar el Ukelele, cantó para mi y me contó de sus aventuras por America. Entendí que me contaba historias porque ponía tono de contar historias. Yo solo cogí la mitad de las palabras y tan solo pude decirle que era de Barcelona y que me gustaba el jamón y el café con leche.

Cuando viajamos solos estamos más abiertos a conocer, más dispuestos a escuchar, a recibir ayuda y a ayudar a los demás. 

Nos encontramos con personas en la misma situación que nosotros. Personas que también tienen miedo a quedarse solos, perderse, ponerse enfermos y no saber el idioma.

Seguro que mi amiga Lizz también estaba tan cansada como yo de hablar con su conciencia y mutuamente quisimos compartir un rato juntas.

Mi nueva amiga americana en el dormitorio, ¡toca el Uquelele!

Mi nueva amiga americana en el dormitorio, ¡toca el Uquelele!

Viajar solo: Conclusiones

Los miedos son tan esto: Pensamientos convertidos a negativo.

Los pensamientos que tenemos “nos vamos a perder” “nos pondremos enfermos” etc.. seguramente ocurran, pero tan solo tenemos que convertirlos a positivo.

Nos vamos a perder pero eso nos llevará a ver unas cascadas secretas.

No entenderemos el idioma pero haremos amigas del alma.

Y así hagamos, con todos los miedos que tengamos.

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1 Comment

  • Reply Oscar Araya septiembre 30, 2016 at 6:10 pm

    No sé como llegue aquí, pero simplemente no me pude ir hasta leer casi todo. Gracias Paty por inspirar de una forma tan natural, quizás me anime a viajar solo este 2017, si lo hago.. te enviare una foto, pues no olvidaré la motivación de la que fuiste parte de alguna forma. Espero que sigas viajando y que sigas escribiendo, Un abrazo grande desde el fin del mundo. Y si alguna vez vienes a Chile serás bienvenida 🙂 aparte somos ambos diseñadores.

    No cambies, no pares!

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