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Consejos de Patri, Viajes

¿Porqué viajar sienta bien?

He querido recoger en este post una serie de puntos que te ocurren al viajar. Son puntos positivos y negativos pero todos  te hacen ser mejor persona y te harán sentir mejor de como te sentías ayer. Son puntos que me han ocurrido a mi en concreto y que explican porqué deberías viajar un poquito más de lo que viajas.

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Viajar sienta bien porque te conoces a ti mismo

Cuando viajas por tu cuenta pasas mucho tiempo a solas y te das permiso para conocer y para hablar con esa persona que llevas dentro, tú mismo.

¿Qué me gusta en realidad? ¿Qué no me gusta? ¿Qué quiero? ¿Qué no quiero?

Perderte por las ciudades más transitadas, por las islas más desiertas o por los bosques más antiguos, es una muy buena forma de encontrarte y tener respuesta a estas preguntas.

De repente te ves cuidando de unas plantas, en Hungría o practicando el budismo —¡y tu que sabías que te iba a gustar cuidar de plantas! ¡O hablar húngaro! ¡O rezar en templos budistas!— En tu día a día viajando nadie te va a decir qué hacer ni cómo hacerlo.

Cuando viajas te cuestionas tus creencias, tus valores y tus prejuicios. Y te preguntas quien te los puso ahí, si fuiste tú o fue la televisión o fue el colegio.

Cuando viajas ¡No tienes que quedar bien! Estás solo frente a una cultura que no te conoce ni sabe quién eres. Puedes ser tu mismo, el chico de la oficina, o hacerte pasar por un cazafortunas persiguiendo el ojo dorado del tigre.

Conoces a los demás

Viajar con amigos también sienta fenomenal. Nada es demasiado serio y sientes que la vida es un carpe diem lleno de risas y de chistes, de días cortos y noches en vela contando historias de miedo.

Cuando viajas con amigos, te das cuenta de que: ¡No eres el único que no es perfecto! Todos tenemos defectos, inseguridades y manías raras que nadie entiende:

Los hay que aún duermen con un peluche, los que no se cepillan los dientes en todo el día, los que se cambian de ropa doscientas veces y los que hablan en sueños.

Te haces más valiente

Cuando viajas, aprendes a superar tus miedos al enfrentarte a lo desconocido.

De repente tienes que comunicarte en un idioma que no conoces, subirte a un autobús que no estás seguro hacia donde va y hospedarte en una habitación llena de extraños.

Al final, te encuentras hablando mandarín y, para tu sorpresa, la gente te entiende.

Te ves en ese autobús, en dirección equivocada, pero tú estás tranquilo y lees un libro.

También haces amigos de Alemania y de Guatemala en tu nuevo y extraño dormitorio.

¡Te haces súper valiente! Puedes afrontar cualquier situación y aprendes que lo desconocido no da miedo. Y que siempre hay algo bueno detrás de lo que parece malo.

Mi nueva amiga americana en el dormitorio, ¡toca el Uquelele!

Mi nueva amiga americana en el dormitorio, ¡toca el Uquelele!

Tus creencias cambian

Te encuentras con personas que hacen que tu modo de ver la vida cambie.

Coincides con una mujer que viaja con su hijo pequeño. Llevan viajando más de veinte meses. Y les gusta la playa y el calor y vestir de colores y ella trabaja online.

Y tu que creías que tener hijos significaba tener una casa y un trabajo estable.

Quizás te subas a un autobús y justo coincidas con un prosurfer que nunca coge el autobús. Y él te invite a pasar un fin de semana al lado del mar viendo el atardecer. Y pasas dos días como la princesa de los palacios.

Y tu que creías que las mejores experiencias pasan cuando hay un plan y un mapa.

Tu mente se abre

Tu mente se abre a nuevas culturas. Culturas en las que alomejor rezan tres veces al día a un dios que no conocen. Que no comen cerdo o no beben alcohol.

Habrá culturas que te tratarán como si no existieras y otras querrán tomarse fotos contigo y tocarte el pelo. También habrá culturas que estarán en guerra o quizás en que la mujer y el hombre no se tratarán por igual.

Tu mente, pequeña y obtusa, acostumbrada a lo suyo, no entiende nada. Ahora le toca pensar, entender y aceptar toda esta información sobre costumbres desconocidas.

Conectas con la naturaleza

Cruzar una senda de hielo de esas del ártico. Donde distingues el blanco claro del el blanco oscuro, pero todo es blanco. Y caminas y sientes el hielo hasta en los huesos.

Visitar un bosque centenario, lleno de árboles antiguos y arrugados, sentir que estás en un templo sagrado, de esos en los que la religión no es tuya pero quieres rezar.

Irte a bucear al fondo marino, con los peces de colores, los de formas surrealistas, los delfines o las mantas, y sentirte como una sirena o un sireno. Como si llevaras toda tu vida en el agua.

Llegar a la cima de una montaña tras tres horas de “no puedo más!”. Contemplar la grandeza del mundo, del paisaje y sentirte enano, como una hormiga ante la inmensidad.

Y darte cuenta que la naturaleza te atraviesa. A veces te cuida y a veces te rompe. Que a veces te trata de inferior, pero otras te da la bienvenida como a un Rey, y tu te sientes como en casa

Joanne y los caballos salvajes

Joanne y los caballos salvajes

Eres más positivo

Cuando viajas Te das cuenta de que  no puedes controlar todo lo que pasa a tu alrededor; Puede que pierdas un ferry, que se ponga a llover cuando estás en la playa o que cierren el restaurante que hace el mejor cangrejo de la isla.

Cuando viajas te vuelves más positivo ya que quizás no controles lo que pasa a tu alrededor, pero sí que puedes controlar como reaccionas a ello: darle un punto de vista positivo a ese ferry que has perdido, a ese chaparrón en tu día de sol, o a ese restaurante cerrado.

¡Quizás hay un restaurante mejor en la siguiente esquina!

Valoras más las cosas

Cuando viajas echas de menos las cosas que has dejado atrás. Todo aquello que en tu país no tenía valor ahora te parece un tesoro.

Añoras a tus padres diciéndote lo que tienes que hacer. A tu hermano metiéndose contigo. A tus amigos que te cuentan sus historias, las buenas y las malas. Echas de menos hasta tu casa hecha de ladrillos. Echas de menos las persianas. Tu taza con dibujos de Los Simpsons en la que te echabas el café con leche y ese plato de flores tan feo que te dio tu abuela. Echas de menos hasta el Mercadona.

Y tú estás feliz donde estás, pero no puedes evitar pensar ¡Qué tesoros tan grandes tenías entre tus manos y nunca supiste ver!

Aprendes a confiar

Cada vez que estás perdido puede que se te acerque alguien, un chino o un francés, o de cualquier nacionalidad, ofreciéndote ayuda. Tu pensarás: ¿Qué quiere este ahora? ¿dinero? ¿comida? . Cuando en realidad lo único que quieren es que no te pierdas.

Quizás lleves caminando por rutas pesadas un buen rato, de esas que van arriba y abajo y no se acaban. Puede que un conductor se de cuenta, se te acerque y te ofrezca un asiento en el coche. Tu mente ¡que se cree muy sabia ella! te dice que ni hablar, y te repasa una a una las noticias de muertes trágicas en manos de desconocidos. Pero el conductor lo único que quiere es que no se te haga de noche.

Después de dejarte ayudar y de dejarte llevar en coche, tu mente se abre y ella entiende que al fin y al cabo estas personas fueron como tú algún día. Y quieren ayudar por ayudar y no por nada más.

Haciendo autoestop para llegar a un valle

Haciendo autoestop para llegar a un valle

Aprendes a ayudar

Igual que aprendes a confiar, aprendes a ayudar a los demás.

Te das cuenta de que aquella chica dándole cinco vueltas al mapa, una vez fuiste tú. También fuiste aquel chico que pregunta por un museo imitando a Da Vinci, o aquél que tiene una maleta llena de ropa y dos maletas más llenas de porsiacasos y que quiere subir 3 pisos él solo.

Te das cuenta que a ti te hubiera gustado que te echaran una mano. Te vas y ayudas al chico de las maletas, terminas hablándole de los restaurantes de la zona, invitándole a un café y a hacer un tour juntos.

—-

Viaja, con mochila o con maleta.

Viaja, solo o acompañado.

Viaja, a ciudades o a bosques.

Viaja, al pueblo de al lado o a otro continente.

Tan solo viaja ¡te hará sentir fenomenal!

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3 Comments

  • Reply Miriam Rodriguez octubre 30, 2015 at 8:50 pm

    Querida Paty

    Sabes he estado viendo tu blog y leyendo tus historias tuve que parar a la mitad de esta pagina , me puse a llorar y estoy en la oficina , me hiciste recordar cuando nade en Skyros una Isla en Grecia donde hice Workaway , una de las mejores experiencias que he tenido en la vida, donde aprendi un monton de cosas donde disfrute, hice amigos , y me pasaron tambien cosas fuertes y dolorosas de las cuales he aprendido y como dices ahora soy mas valiente y fuerte. Leerte es maravilloso a pesar de mis situacion o de los problemas que pueda haber , yo sigo soñando mejor dicho planeando a donde sera mi siguiente viaje me encao tu nota sobre Tailandi por que sera mi siguiente destino ..me me voy a un no tengo el dato exacto pero lo hare 😉 seguire tus sabios consejos .

    Gracias por tus contar tu historia me siento super motivada ahora, besos te mando besos desde el otro lado del mundo.

    • Reply Patricia Otero noviembre 4, 2015 at 12:03 am

      Hola Miriam.
      Cuando vi tu mensaje me emocioné mucho. Porque precisamente es eso lo que quiero, llegar a las personas, conectar con ellas. Muchas gracias por dejarme un comentario haciéndomelo saber 🙂
      Sí, experiencias de este tipo son siempre muy fuertes porque una se implica tanto que al final sales de ahí siendo otra. Admiro tu actitud, de transformar las cosas dolorosas en una lección de la vida que te ha hecho más valiente y fuerte. Yo soy fan de esa actitud, porque me ha llevado lejos siempre con una sonrisa.
      Tu mensaje me ha hecho sentirte muy cercana a mi.
      Hazme saber de tu próximo viaje, cuando sea que decidas hacerlo. Abrazos y Mil besitos desde España 🙂

  • Reply John Lester Reyes Pascual noviembre 9, 2016 at 2:33 am

    Hola Patricia.

    Son las 2:25 de la mañana, la verdad es que tengo un insomnio que ni te imaginas… Y en un mes y medio realizaré un viaje durante mes y medio. Si ya tenía ganas de viajar de nuevo irme solo y explorar.
    Después de leer tu post. Me ha llenado de energía y emoción… Al fin y al cabo estas experiencias son las que nos quedarán en la memoria. Y creo que son los mejores recuerdos que nos podemos llevar, ya sean experiencias malas o buenas.
    El tema de la lluvia me siento identificado… tenía que devolver la moto que alquile en Koh Phangan y se pusó a diluviar muy fuerte… tenía que ir en moto si o si y tenía un camino de 45 minutos… Si no iba perdía el ferry y no tenía suficiente presupuesto para pagar un taxi y cargarla moto en uno… Benditas experiencias.
    Muchas gracias por compartirnos tu experiencia ya que llena de energía y optimismo a otras personas. También impulsas al resto a viajar solo y quitarles ese miedo.
    Mi próxima ruta es Filipinas por cierto… Y voy un poco bastante a la aventura.

    Un saludo 🙂

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