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Canada, Viajes

9 cosas que hice por primera vez en mi vida en Canadá

Si tuviera que resumir Canadá en 4 puntos os podría decir lo siguiente: La gente es muy agradable, es un país muy seguro, los paisajes son espectáculares y hay mucha vida salvaje.

Pero no puedo resumir Canadá en 4 puntos, tampoco puedo resumirla en 10 o 12 hablando de las cosas “más típicas” de Canadá. No me gusta. Canadá es demasiado extensa y demasiado profunda para hacer un post de tópicos o de “porqué debes viajar a Canadá!”.

Por eso he pensado en enfocar este post de otro modo. Voy a hablar de las cosas que hice por primera vez en mi vida gracias a Canadá. Cosas que nunca me habrían pasado o habría hecho si no fuera por haberme ido de viaje a este país.

Creo que estas cosas pueden ayudar a reflejar más el Canadá que yo viví. Un Canadá observado desde un punto de vista muy personal.

1. Me hice extrovertida

Yo me considero una persona introvertida, una chica a la que que se le da mejor hablar con los que ya conoce de siempre. Una chica a la que las situaciones con extraños o con mucha gente no se le dan bien.

Pero en Canadá me tocó cambiar ¡Welcome this is Canadá! La tierra donde todos los habitantes son simpáticos, parlanchines, agradables, buena gente y todos los adjetivos positivos que quieras añadirle después.

Mi nueva amiga americana en el dormitorio, ¡toca el Uquelele!

Primer día y ya tengo una amiga americana, ¡ME TOCÓ UNA CANCIÓN!

Me descubrí ante una cultura donde la gente es excesivamente maja.

Todo el mundo me preguntaba cosas.

A la cajera del súper en Vancouver le hacía gracia mi acento, así que me hizo un questionario entero de mi procedencia y mis própositos en Canadá.

la chica del autobús con dirección a Williams Lake me contó su vida de arriba a abajo y la de su mascota. Tenía un caballo en casa de su padre. Aunque el caballo estaba ya jubilado y medio ciego iba todos los fines de semana a visitarlo. Y le traía pieles de zanahorias, manzanas y muchos mimos.

A un chico de la calle le gustaba mi cámara y me paró solo para decírmelo. También me preguntó si podía ver el tipo de fotografías que la cámara podía hacer. Me explicó que era un “youtuber” y que probaba cámaras para ganarse la vida.

Otra vez tenía un mapa en la mano y se notaba que no tenía ni idea. Pues se me acercaron dos chicas ofreciéndome ayuda. Dos pelirrojas casi gemelas una con gafas y la otra con una boina. Me propusieron llevarme hasta mi destino.

Mi mundo interior me gusta, me gusta ir a mi aire. Pero en Canadá son así, hablan y preguntan y ayudan aunque no lo pidas. No tuve otra que volverme más parlanchina y más abierta con la nueva sociedad que me rodeaba.

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Mi segunda amiga en mi segundo día allí, ¡en el autobús informándome de todo!

2. Di las gracias hasta por respirar

Hay que subrayar que los canadienses son educadísimos, te dan las gracias por cualquier cosa. Haces la comida “Gracias por hacer la comida”, Friegas los platos “gracias por fregar los platos”, Les hablas de algo y les entretienes “Gracias por la charla ha sido divertida”, vas a una tienda y no compras nada “Gracias por pasar por la tienda”, Te vas a dormir “gracias por el día de hoy”.

A ver yo soy educada y doy las gracias cuando creo que tengo que darlas, pero ahí me tuve que forzar a dar las gracias cada vez que alguien me daba algún tipo de atención.

3. Viajé más de 10 horas en coche en una misma provincia.

Cuando estaba preparándome para hacer el voluntariado, siempre estuve dudosa de qué provincia escoger.. Finalmente me decidí por British Columbia, más concretamente me decidí por una granjita en Williams Lake al norte de British Columbia.

Cogí mi vuelo a Vancouver porque era el aeropuerto internacional de British Columbia.

Hablando con Joanne por mail, mi host, me comentó que tendría que tomar un bus desde Vancouver hasta su casa. Yo pensé: ¿Qué mal educada no? ¿Tanto le costaba venir a recogerme?

En el siguiente mail me comentó, que una vez en el autobús, me pusiera en el asiento de enfrente, que las vistas serían del nivel de National Geographic y que tenía 10 horas de camino para disfrutarlas.

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¿10 horas? ¿cómo? ¡Pero si eso es como ir de Tarragona a Granada! ¿Y no hay un tren, o un avión o algo?

Pues no. En Canadá no hay trenes como el ave o renfe. ¡No existe! Tampoco existe un ryanair con vuelos de 50€ a Madrid. Volar de una ciudad a otra puede salirte por 200$ como mínimo.

Por lo tanto, todo el mundo usa el coche. Y viajar 10 horas no es nada comparado con las personas que viajan dos o tres días para desplazarse de un lugar a otro.

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Tampoco es como en Europa, que cada 10 minutos te encuentras con algún tipo de pueblecito, ciudad, o aunque sea una gasolinera. Allí puedes conducir y conducir, y las horas pasan y no hay rastro de civilización.

Yo soy de esas chicas que tienen su piso y que salen todos los días a tomar algo, a comprar, o aunque sea a ver gente. ¡Necesito ver gente!. De repente, me encuentro ante una sociedad con menos personas que en mi país, pero con una densidad geográfica 7 veces mayor.

Este hecho es, en realidad, algo que cambió mi forma de ver las cosas. De repente, me encuentro cruzando un cañón rocoso sin coches cerca mío. Me encuentro en un lago inmenso sin habitantes más que los mismos animales. Me encuentro haciendo senderimo y en la cima, a 1000metros, me descubro sola con mi grupo ante un paisaje de cuarenta montañas, sin rastro de hogares o caminos.

3. Vi un partido de hockey hielo

Si en España el deporte estrella es el fútbol, y los futbolistas las estrellas de la televisión, en Canadá es el hockey hielo y sus jugadores. A mi es un deporte que me sonaba a “poco popular”. Pero ir a un estadio de hockey hielo y ver a la afición y la pasión que le ponen al juego cambió mi visión sobre este deporte.

En Canadá hace frío, mucho, y nieva la mayor parte del año. Es normal que esto haya contribuido a que los deportes de hielo como el hockey, el patinaje o el curling sean más practicados que otros.

4. Tuve vecinos muy salvajes

Oh Canadá Canadá, si algo que me gusta de ti, es que eres salvaje, pura y todavía nadie te ha cambiado.
Y yo, acostumbrada a mis edificios pintados más de veinte veces, a mis calles con siglos y siglos de pasos, a las palomas en las plazas y al constante cambio de mi alrededor. Acostumbrada a que eso me gustase.

Ahora me abrumaba la virginidad de los paisajes  con habitantes silenciosos: los animales.

Como los caballos salvajes que buscamos y buscamos en el Gang Ranch. E intentamos darles manzanas, aunque estos caballos no sabían que era una manzana y por miedo no quisieron probarla.

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Vi también el animal estrella en Canadá, los osos, y en plena carretera. Ya ves que no es que te tuvieras que ir muy lejos para ver osos.

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Recuerdo el día que visitamos una granja de llamas, patos y conejos. El dueño me contó que había un ciervo que se pensaba que era una llama, y que vivía con las llamas y no se separaba de ellas.

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Y el día que Joanne nos llevó a ver arces. Son más tímidos que los ciervos y hubo que buscarlos mucho.

La vez que vi ardillas obesas en Barkerville. “¿Eso es una ardilla o un tejón?” Le pregunté a Joanne muy extrañada por el tamaño del animal. “Es una ardilla gorda” me contestó “Los turistas las alimentan y se han puesto así”.

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También el día que Melissa y yo vimos lobos en Ucluelet mientras trabajábamos. ¡Osea mientras trabajábamos! Qué gozo es trabajar en este país con toda esta naturaleza aquí y allí.

Y ese mismo día vimos ballenas en las costas rocosas de la isla de Vancouver. Bueno les vimos el lomo y como respiraban. Pero la cuestión es que esperamos y esperamos hasta que vinieron a vernos.

También vi y toqué mi primera serpiente.

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Vale no es que sea muy grande. Pero las que vi grandes, como podréis comprender, ¡Me daban un miedo!

A Max, nuestro perro en Ucluelet, le encantaba perseguir al mapache que teníamos de vecino habitando el pino del jardín.

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Cuando visité las dunas de arena, cerca del Gang Ranch vimos águilas reales apareándose con las hembras, las águilas marrones.

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5. Viví en una casa de madera

Una de las cosas que más me gustó de Canadá fue las casas de madera. Aunque solo al principio.

Luego viví en una de ellas y me dejaron de gustar casi para siempre. ¡Y es que las paredes no están hechas de madera de verdad! Son una lamina, luego un hueco que hace de “espacio simulando una pared” y luego otra lamina de madera.

Se oye todo. Golpes, personas hablando, si alguien se levanta al baño, ronquidos. Hoy en día le llaman casa de madera a cualquier cosa.

¡Me quedo con mi casa de ladrillos! Pensaba yo para mi misma.

Después de eso viví en una Loghouse y volví a cambiar mi opinión sobre las casas de madera. Las loghouses son en Canadá un tipo de casa muy cara porque, a parte de ser una obra de arte, está hecha de troncos enteros de árbol.

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Ahora, esto sí que es vivir en una casa de verdad.

 Las paredes formadas por troncos cuidadosamente tallados, lijados, barnizados e intercalados los unos con los otros. La sensación de vivir en ese tipo de casa es mágica. Literalmente, es como vivir dentro de un bosque.

6. Fui una cowboy

Cada año en Canadá se celebra The Stampede: Concentraciones de cowboys, estampidas, carreras de carros, toros y demostraciones de las mejores habilidades para atrapar vacas. Cada pueblo y ciudad tiene la suya. Es exquisito de ver. Espéctaculos, llenos de toros, vacas y caballos bien adiestrados y un estadio lleno de cowboys guapísimos.

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Yo no iba a ser menos así que me compré mi gorro de Cowboy y me metí en la fiesta como si lo hiciera todos los años. Entrené mi acento canadiense y me hice pasar por una jinete novata.

Canadá ha sido y sigue siendo tierra de cowboys. La palabra cowboy la conocemos todos. Pero ¿qué es exactamente hoy en día? Es un hombre que posee habilidades para atrapar vacas.

Pues sí, amigos lectores. Cuando yo descubrí realmente su función y vi una demostración no podía creer que fuese así como cogían a las vacas. Vamos que lo había visto en alguna película pero siempre creí que eso ya estaba obsoleto.

Imaginaos que tenéis una propiedad con vacas, pero no me refiero vacas en un corralito. Me refiero a una inmensa porción de campo donde las vacas pastan libremente.

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Ahora imagínate que necesitas coger una de esas vacas para que te de leche o para hacerte un filete. Lo que sea. Las vacas son, a parte de rápidas, muy listas.

Los cowboys cogen carrerilla montados en su caballo y con una cuerda y en un solo movimiento agarran a la vaca por el cuello mientras esta intenta huir. Una vez atrapada, el cowboy se baja del caballo (de un salto) y  ata a la vaca por las patas y la tumba en el suelo de un golpe. Mientras el cowboy hace todo esto, la cuerda sigue atada al caballo, y él está entrenado para tirar de la cuerda e impedir que la vaca se mueva. Todo esto en menos de 5 segundos.

7. Probe la Peanut Butter

Siempre que miraba los Simpsons había una cosa que no entendía. Porqué a Hommer le gustaba tanto la crema de cacahuete? ¿Qué era exactamente la crema de cacahuete? Yo acabé pensando que era un alimento inventado en los Simpsons porque en el Súper no lo había visto nunca y en mi familia no sabían de qué se trataba.

Pero sí existe. Existe, es un pecado para mi cuerpo pero un placer para el paladar.

La primera vez que la probé Joanne soltó en voz alta “ya tenemos a otro peanut butter monster en casa”. Yo dije “qué pastoso es esto”. Pero qué crujiente y suave a la vez, ¡y ese regustillo a cacahuete tostado!

8. Viajé en un coche de lujo

Iba yo sentada en el autobús en dirección a casa de Joanne, cuando me di cuenta la cantidad de coches grandes que circulaban por la carretera. ¿Dónde estaban los coches pequeños como en mi querida Tarragona?

Joanne me vino a buscar a la parada del autobús con un coche como los que salen en las películas americanas de atracadores de bancos. Un 4×4 de color oscuro, de ruedas altas. Por dentro de piel negra, con muchos mandos y botones, en plan “estamos pilotando un avión” y calefacción en todos los asientos.

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U-na-pa-sa-da.

En Canadá hay “cars”. Y luego hay “trucks”. Los trucks vienen a ser coches grandes 4×4 con pick up en la parte trasera. Igualito que el de Joanne. Los hay de tamaño pequeño, mediano y tan grande que en los supermercados hay parkings especiales para estos. ¡Y casi todo el mundo tiene uno!.

9. Me sentí una india

Una vez decidí hacer autoestop hasta Bella Coola, una zona de Canadá muy especial (una historia que explicaré con mucho detalle en otro post).

Fui junto a Philippe uno de los chicos con los que trabajaba en la granja de Joanne. Francés y el tipo más aburrido que te hayas echado a la cara. Pero mejor hacer autoestop con él que sola.

Cuando llegamos, nos dimos cuenta de que algo era distinto al resto de sitios que habíamos visitado. Allí vivía otro tipo de gente, otro idioma y predominaba otro tipo de edificios.

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Personas de rasgos indios, morenos de piel, pelo espeso de color oscuro y ojos alargados. Edificios repletos de simbologías, de caras y animales pintados con colores planos y brillantes. Rojos, azules, amarillos, negros.

Indígenas, los primeros habitantes de Canadá.

Jerry, un artista de 65 años se ofreció a enseñarnos la zona a mi y a Philippe. Y gracias a él visitamos el estudio de un artista nativo. El artista nos explicó que antiguamente los jefes de cada tribu indígena eran capaces de transformarse en los animales sagrados, como el cuervo, la ballena, el lobo, el águila, la tortuga, el oso. Estos son de los más importantes.

En sus obras los indígenas intentan plasmar las transformaciones de sus antepasados y en general adorarlos tanto a ellos como a los animales sagrados.

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También nos explicó que en los bosques de Bella Coola todavía quedan cuevas y rocas con geroglíficos y simbologías indias.

Yo quedé hipnotizada por su voz y por sus mágicas historias a lo Pocahontas.Le propuse a Philippe ir en busca de esas cuevas y rocas. Yo estaba como cuando era pequeña y jugábamos a historias con caballos, duendes, indios y princesas.

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2 Comments

  • Reply JLLC noviembre 10, 2015 at 10:48 pm

    Excelente articulo!

    • Reply Patricia Otero febrero 24, 2016 at 11:05 pm

      Gracias!

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